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Jesús inicia su misin y nos deja la nuestra tambien

Después de escuchar el evangelio de San Lucas podemos imaginar la escena: Es sbado. Jesús recita solemnemente el canto del profeta Isaas: “El Espritu del Señor est sobre m por eso me ha ungido y me ha mandado para anunciar a los pobres un alegre mensaje, para proclamar a los prisioneros la libertad, para dar a los ciegos la vista”. Sus gestos son lentos y majestuosos como se acostumbra en la sinagoga para manifestar el respeto hacia la Palabra de Dios: Después coment: “Hoy se cumple esta Escritura”.

Queridos hermanos y hermanas:

Jesús da inicio a su misin anunciando la venida de un nuevo Reino. En un mundo lleno de maldad y de egosmo empieza a propagarse silenciosamente la revolucin del amor y del perdn. Jesús tuvo poco tiempo para anunciar su Evangelio. En el mundo haba muchos ms pobres, enfermos, desesperados, débiles y, sin embargo, nos dice: “se cumple hoy”. Pensaba en nosotros porque también hoy podemos decir: “se cumple hoy”. Cada vez que algún pobre recibe la buena noticia, o un pecador el perdn, o un enfermo la curacin o la asistencia digna, o se da un pequeño paso en el avance de la libertad, de la justicia o de la paz, se va estableciendo el Reino ya aqu en la tierra; aunque no debemos olvidar que es de Dios. Es gracia. Es salvacin.

Jesús predica un Reino de santidad y de amor, pero también de libertad y de justicia y elige construirlo en el corazn del hombre. Es all donde se enciende la primera chispa de la verdadera revolucin del mundo. Solamente Cristo es capaz de dar respuesta a los grandes problemas de la humanidad: Los polticos, con sus tratados y su diplomacia nunca han conseguido devolver la paz a los pases que agonizan; las campañas de la radio o la televisin no han sido capaces de disminuir el hambre de los pueblos subdesarrollados. Las injusticias en el mundo del trabajo y la marginacin de los enfermos y ancianos no se resuelven con manifestaciones callejeras. La verdadera salvacin del hombre ser con Jesús y en Jesús.

3. Cada vez que nosotros nos reunimos para celebrar la Eucarista anunciamos y celebramos la buena noticia de la salvacin. Nuestro encuentro se parece a aquel de Nazaret. También nosotros escuchamos la lectura de la Palabra de Dios, también la explicamos y también celebramos con alegra la accin de gracias. Anunciar la Palabra y celebrar la Eucarista es la mejor noticia para nuestro mundo, pero muchas veces no lo parece. ¿Cmo puede parecerlo si venimos como obligados, si a menudo llegamos tarde? Deberamos creer que Cristo en persona est aqu como estaba hace dos mil años en Nazaret. Entonces cambiara nuestro rostro y lo proclamaramos con una alegra gozosa.

Salgamos de esta Misa repitiendo con Jesús: “Esta Escritura se cumple hoy en mi vida”. Nuestros padres repetan siempre, en las buenas y en las malas: “¡Que se haga la Voluntad de Dios!” Nada ocurre sin que él lo quiera. ¿Hemos aprendido a reconocerlo en todo? No olvidemos que nuestra familia ser ms armoniosa, el trabajo ms llevadero, la sociedad ms justa, la comunidad parroquial ms fervorosa, si cada da iluminamos con el mensaje del Evangelio el gran desafo de construir un mundo de paz y de progreso; un mundo de valores y de religiosidad. Eso es el Reino de Dios.oberto

Padre Roberto Mena ST